Este sábado, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que su país ejecutó un ataque militar “a gran escala” contra Venezuela y que, como resultado de esa operación, Nicolás Maduro fue capturado junto con su esposa y sacado del territorio venezolano. El anuncio fue realizado a través de un mensaje publicado en Truth Social, en el que Trump aseguró que la acción se llevó a cabo en coordinación con agencias de seguridad estadounidenses y adelantó que ofrecerá más detalles en una conferencia de prensa programada para las 11:00 a. m. en Mar-a-Lago. Hasta el momento, no existe confirmación independiente que respalde estas afirmaciones, lo que mantiene en suspenso el alcance real de la operación descrita por el mandatario.
Durante la madrugada se reportaran explosiones y sobrevuelos militares en Caracas y en los estados de Miranda, Aragua y La Guaira. Tras estos hechos, el Gobierno venezolano acusó formalmente a Estados Unidos de una “gravísima agresión militar” y anunció la activación de planes de defensa nacional. Horas antes del pronunciamiento del presidente estadounidense, Nicolás Maduro había decretado el estado de conmoción exterior en todo el país, ordenando el despliegue del Comando para la Defensa Integral de la Nación y de los órganos de dirección de defensa en todos los estados y municipios, en lo que Caracas calificó como una respuesta ante amenazas externas directas.
En un comunicado oficial, el Ejecutivo venezolano sostuvo que la agresión constituye una violación a la Carta de las Naciones Unidas y señaló que el país se reserva el derecho a ejercer la legítima defensa, citando el artículo 51 del tratado. Estas declaraciones refuerzan el discurso de confrontación que ha caracterizado las relaciones entre Washington y Caracas en los últimos años, ahora enmarcado en una crisis Venezuela que incluye acciones militares reportadas y acusaciones cruzadas. La narrativa oficial venezolana apunta a que los ataques forman parte de un intento de forzar un cambio de régimen y de apropiarse de recursos estratégicos, mientras que Estados Unidos ha insistido en que sus operaciones se inscriben dentro de una campaña contra redes de narcotráfico que operan en la región.
La versión de Trump contrasta con la información disponible desde Washington. Según reportó CNN, el Comité de Servicios Armados del Senado de Estados Unidos no fue notificado con antelación sobre ninguna acción militar en Venezuela, y funcionarios del Gobierno estadounidense no se han comprometido a informar previamente al Congreso sobre eventuales ataques terrestres, pese a las exigencias de algunos legisladores. El contexto inmediato incluye ataques confirmados por el propio Trump en días anteriores contra una “gran instalación” y un muelle presuntamente vinculados al narcotráfico, así como reportes de un ataque con drones atribuido a la CIA contra una instalación portuaria venezolana. A nivel regional, la situación ya generó reacciones: el presidente de Colombia, Gustavo Petro, solicitó la convocatoria urgente del Consejo de Seguridad de la ONU y activó protocolos de seguridad en la frontera, mientras que Cuba denunció lo que calificó como un “criminal ataque” y pidió una respuesta internacional coordinada.








