El presidente Gustavo Petro aterrizó este viernes en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía y se trasladó al Palacio de Miraflores para la primera cumbre bilateral con Venezuela desde que Estados Unidos capturó a Nicolás Maduro el 3 de enero. La reunión, enmarcada en la III Comisión de Vecindad e Integración Colombia-Venezuela, es también la primera visita oficial de un jefe de Estado a Caracas desde ese episodio, y se da en un momento en que el gobierno de Delcy Rodríguez atraviesa una profunda reconfiguración política interna.
El eje central del encuentro es la seguridad en la frontera común de 2.219 kilómetros, con especial énfasis en el Catatumbo, la región selvática de Norte de Santander que concentra la segunda mayor extensión de cultivos de coca del país y es escenario de disputas territoriales entre el ELN y el Frente 33 de las disidencias de las FARC. Petro había anunciado días antes en Consejo de Ministros que viajaría con una delegación "más bien militar, policial", y subrayó que sin inteligencia binacional las operaciones en zona de frontera terminan afectando a civiles: "Si los disparos se dan sin inteligencia, terminan matando a la gente, como ya ha pasado en Colombia."
La canciller colombiana Rosa Yolanda Villavicencio llegó a Caracas el jueves para preparar el terreno junto al canciller venezolano Yván Gil. En la instalación de la Comisión de Vecindad, el jefe de la diplomacia venezolana valoró la relación con Colombia como un ejemplo de integración regional, mientras que la canciller colombiana destacó que la frontera es el lugar donde la integración no es un concepto abstracto sino una realidad cotidiana. También participó en la reunión previa el gobernador de Norte de Santander, William Villamizar, departamento directamente afectado por la violencia fronteriza.
Además de la agenda de seguridad, la visita abre espacio para la discusión de intereses económicos que Colombia busca reactivar tras la caída de Maduro. Petro ha planteado la reactivación del gasoducto binacional Antonio Ricaurte para importar gas venezolano, y ha explorado la posibilidad de que Ecopetrol participe en la reconstrucción del sector petrolero del país vecino, en un mercado donde ya operan las principales compañías petroleras estadounidenses. La migración —Colombia alberga más de 2,8 millones de venezolanos— y el comercio bilateral también forman parte de los temas sobre la mesa.
El viaje fue anunciado por Petro la semana pasada durante un foro de líderes de izquierda en Barcelona, donde explicó la decisión en referencia a la reunión que Rodríguez no pudo concretar en marzo por razones de seguridad: "Si Mahoma no viene a mí, yo voy." La oposición venezolana agrupada en la Plataforma Unitaria Democrática señaló que Colombia puede tener un papel útil en el proceso de transición, siempre que acompañe sin ambigüedades una ruta constitucional y verificable, y no simplemente una estabilización del statu quo.
Venezuela vive su mayor transformación política en décadas, la influencia de Washington en Caracas crece de manera sostenida, y el proceso de paz total de Petro en Colombia acumula reveses, entre ellos la suspensión esta semana de los diálogos con las disidencias de alias Calarcá. La seguridad fronteriza, que hasta hace poco parecía un tema bilateral menor, se ha convertido en uno de los puntos de mayor urgencia para ambos gobiernos.








