El candidato presidencial del Pacto Histórico, Iván Cepeda, reconoció este jueves ante un auditorio en la localidad de Kennedy, en Bogotá, que el gobierno del presidente Gustavo Petro no estuvo libre de irregularidades. "Este camino no ha sido perfecto, hay que reconocerlo: se han presentado hechos de corrupción en el Gobierno que vamos a erradicar en nuestro segundo gobierno", afirmó desde la tarima. La declaración ocurre a 24 días de la primera vuelta presidencial del 31 de mayo, en una recta final donde la corrupción es el principal eje de ataque de sus rivales.
El contexto en que llegó la admisión no es menor. Cepeda es el arquitecto de la política de paz total y uno de los legisladores más cercanos al presidente Petro; durante meses, desde la oposición se le reclamó públicamente que guardara silencio ante escándalos como el de la UNGRD, el caso Juliana Guerrero o los vínculos investigados por la Fiscalía con alias Papá Pitufo. Paloma Valencia lo había sintetizado sin ambigüedades días atrás: "El senador Cepeda se queda callado ante los escándalos de corrupción y no va a debates." La declaración de hoy rompe en parte ese silencio, aunque encuadra la corrupción como un problema del pasado que su eventual gobierno corregiría.
Desde el Centro Democrático y Defensores de la Patria, la narrativa ha sido consistente: la corrupción del gobierno Petro no es un lunar aislado sino una característica estructural del proyecto político que Cepeda representa. El expresidente Álvaro Uribe lo formuló en términos electorales directos al afirmar que "Petro-Cepeda incumplieron a los adultos mayores porque se gastaron el dinero en corrupción, viajes y burocracias." Abelardo de la Espriella, por su parte, ha vinculado a Cepeda con la política de paz total como corresponsable de sus resultados, incluyendo el levantamiento de órdenes de captura a estructuras armadas que luego retomaron actividades criminales.
La declaración de hoy plantea una apuesta de campaña de doble filo. Por un lado, la autocrítica puede generar alivio entre votantes indecisos que simpatizaban con el cambio social pero se distanciaron por los escándalos; por otro, le da munición a la oposición para argumentar que el propio candidato oficialista confirma lo que venían denunciando. En ninguna de las cuatro encuestas publicadas esta semana —CNC, Invamer, Guarumo y AtlasIntel— aparece la corrupción como variable que favorezca a Cepeda en segunda vuelta: todas coinciden en que su mayor debilidad es el alto porcentaje de electores que lo rechazan de plano, un 32,7% según la CNC.
Cepeda complementó su mensaje con una lectura binaria del escenario electoral: "El pueblo colombiano está ante dos caminos. El primero es el de la extrema derecha que dirige Álvaro Uribe y que representa un pasado de pobreza, violencia y corrupción. El segundo es el del Pacto Histórico." La estrategia de polarización busca consolidar el voto propio antes de pensar en seducir al centro, en una semana en que Sergio Fajardo anunció que la Registraduría le dio luz verde a su comité para recolectar firmas contra una eventual constituyente, movimiento que apunta a capturar el voto de quienes no quieren ni a Cepeda ni a la derecha.








